

La fecundación in vitro (FIV) y la inseminación artificial (IA), las principales técnicas de reproducción asistida, se asocian a una mayor probabilidad de embarazo de mellizos (gemelos no idénticos) o de más bebés. Alrededor del 60% de los embarazos gemelares provienen de estas técnicas.
Si bien es cierto que estos tratamientos pueden aumentar la probabilidad de embarazo doble, son muchos los estudios actuales encaminados a reducir este tipo de embarazos. El motivo principal es el elevado riesgo que conllevan tanto para la salud materna como para el desarrollo de los bebés.
A continuación tienes un índice con todos los puntos que vamos a tratar en este artículo.
Es importante destacar que, en caso de embarazo doble tras FIV, generalmente se trata de gemelos bicigóticos o mellizos y no gemelos monocigóticos o gemelos idénticos. A continuación, explicamos la diferencia entre ambos:
Independientemente de que sean mellizos o gemelos idénticos, los embarazos en los que se desarrollan dos fetos simultáneamente se denominan gemelares.
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Para que se produzca un embarazo múltiple de forma natural, deben intervenir los siguientes factores:
Se estima que, de forma natural, la probabilidad de tener mellizos se sitúa en un 1,1%. En cambio, la de tener gemelos idénticos es de un 0,4%. En reproducción asistida, sin embargo, según el informe estadístico de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF) del 2014, las tasas de parto gemelar (tanto mellizos como gemelos) con óvulos propios son del 19,4% por cada transferencia en FIV y del 11,2% con inseminación artificial.
Las tasas de embarazo y parto gemelar aumentan considerablemente al utilizar técnicas de reproducción asistida por dos motivos:
En ambos casos existe la posibilidad de que implante más de un embrión, por lo que podría ocurrir un embarazo de mellizos. El objetivo es aumentar la probabilidad de embarazo, pero con ello se ve aumentada también la probabilidad de embarazo múltiple (embarazo de dos o más bebés).
Para evitar este tipo de embarazos, actualmente hay una tendencia a transferir un único embrión y a controlar muy bien la medicación en inseminación artificial para que solo maduren 1 o 2 óvulos.
La fecundación in vitro (FIV) es una técnica de reproducción asistida en la que se da a la mujer medicación hormonal para estimular la producción ovárica. Así, se consigue el desarrollo y la maduración de más de un óvulo y, por tanto, se obtendrá un mayor número de embriones al recuperar una mayor cantidad de óvulos en la punción folicular.
Tras el cultivo de los embriones, se procederá a la transferencia de aquellos con mayor potencial de implantación, es decir, los de mayor calidad. Puede hacerse tanto en día 3 como en día 5, dependiendo de las necesidades de la paciente y de las posibilidades del centro reproductivo.
Será la propia paciente quien elija el número de embriones a transferir, siempre teniendo en cuenta el consejo de los especialistas médicos y del laboratorio. La ley española sobre técnicas de reproducción humana asistida (ley 14/2006) permite la transferencia de hasta tres embriones.
Ésta es una decisión complicada. El objetivo es lograr el embarazo, pero sin olvidar los riesgos relacionados con la gestación doble. Por ello, cada vez más especialistas recomiendan la transferencia de un único embrión. Gracias a la mejora de los métodos de selección embrionaria es posible tener una muy buena probabilidad de embarazo con un solo embrión, reduciendo así la probabilidad de embarazo múltiple.
En este sentido, el Dr. Gorka Barrenetxea es claro: lo que hace que el riesgo de embarazo múltiple aumente no es un protocolo de estimulación con antagonistas o agonistas de GnRH, sino el número de embriones transferidos. En resumen, lo que evita el embarazo múltiple en reproducción asistida es la transferencia de un embrión. Por eso, hoy en día casi todos los centros de reproducción asistida intentan transferir un embrión.
Según los datos recopilados de 22 países europeos por la Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología (ESHRE), tras una FIV o una ICSI el 73,6% de los embarazos son de un solo bebé (embarazos únicos), mientras que el 24,4% son gemelares.
Por otro lado, según el informe estadístico de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF) del 2014, la tasa de parto gemelar con óvulos propios por cada transferencia en España se sitúa en el 19,4% en este año, mientras que en el 2000 era del 28,7%.
Por lo tanto, las estrategias seguidas por los profesionales de la salud reproductiva están disminuyendo las tasas de embarazo gemelar.
A pesar de que la mayoría de embarazos múltiples derivados de la fecundación in vitro son de mellizos (gemelos dicigóticos), parece haber también una mayor tendencia a los embarazos de gemelos (gemelos monocigóticos).
Se calcula que hay un aumento de aproximadamente un 1,5-2% de los embarazos de gemelos monocigóticos. Por lo tanto, aun transfiriendo un solo embrión habría una pequeña posibilidad de embarazo de gemelos.
No se sabe exactamente por qué se produce este aumento, aunque existen distintas hipótesis acerca de los mecanismos que pueden justificarlo. La zona pelúcida parece tener un papel importante, ya que para que el embrión pueda implantar es imprescindible que salga de esta envuelta una vez alcance el estadio de blastocisto.
En general, el embrión sale sin problemas gracias a que ejerce una acción mecánica y enzimática sobre ella, pero, en determinadas circunstancias, puede ocurrir que el embrión se escinda en dos al salir de la zona pelúcida. Se cree que puede ocurrir por:
En la inseminación artificial (IA) también se realiza un paso previo de estimulación ovárica, solo que de una forma mucho más suave que en el caso de la FIV.
Se administran dosis bajas de medicación para controlar el momento exacto de la ovulación y que así se deposite el semen en el momento óptimo, aumentando la probabilidad de embarazo.
Para que se pueda producir una gestación de mellizos inseminando a la mujer, es necesario que se expulsen dos óvulos en la ovulación, que ambos sean fecundados, que los dos embriones generados se desarrollen hasta blastocisto y que consigan implantar.
En cambio, para un embarazo de gemelos, el embrión resultante de la fecundación de un óvulo debe dividirse en dos. En una inseminación artificial, el hecho de que el embrión se fragmente durante su desarrollo no parece que se vea aumentado, por lo que la probabilidad de gemelos idénticos puede considerarse la misma que de forma natural.
Según el informe estadístico de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF) del 2014, el porcentaje de embarazos gemelares con inseminación artificial es del 10,6%.